¿Qué son las alergias?
Las alergias son una respuesta desproporcionada del sistema inmunitario frente a sustancias que en condiciones normales no deberían causar problemas. Esta reacción puede manifestarse con rinitis, estornudos, picores, conjuntivitis, erupciones cutáneas, asma e incluso, en los casos más graves, un shock anafiláctico.
El diagnóstico médico suele realizarse mediante pruebas cutáneas (prick test), análisis de sangre para detectar anticuerpos IgE específicos o pruebas de provocación controlada, que ayudan a confirmar a qué sustancias reacciona la persona.
En consulta, además, utilizo la kinesiología como herramienta complementaria para testar alergias e intolerancias, lo que me permite obtener información útil y personalizada para cada caso.
Más allá de los síntomas, las alergias afectan profundamente a la calidad de vida: alteran el descanso, generan malestar continuo y en muchos casos ansiedad, al tener que vivir en alerta constante.
Una mirada desde la medicina natural
Desde la naturopatía, el objetivo es apoyar al organismo de manera individualizada y explorar qué factores están favoreciendo esa hiperreacción del sistema inmune. Cada persona tiene su propio “terreno alérgico”, condicionado por múltiples causas.
Factores que influyen en el terreno alérgico
Las alergias suelen ser el resultado de la interacción entre una predisposición genética y distintos factores ambientales y de estilo de vida:
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Predisposición genética
Los antecedentes familiares de alergias, asma o dermatitis atópica aumentan el riesgo, aunque no lo determinan por completo. -
Hábitos de vida y estrés crónico
Dormir poco, vivir con ansiedad o mantener un ritmo acelerado debilita el sistema inmunitario y favorece la inflamación crónica. -
Exposición insuficiente a la naturaleza
Crecer en entornos urbanos, con exceso de higiene y poco contacto con la biodiversidad natural, limita el desarrollo temprano de un sistema inmunitario tolerante (hipótesis de la higiene). -
Contaminación ambiental
La polución irrita las vías respiratorias y además puede hacer que los pólenes resulten más agresivos: las partículas contaminantes se adhieren a ellos, estimulan la liberación de más proteínas alergénicas y favorecen que se fragmenten en partes muy pequeñas que penetran más en los bronquios. Por eso, cuando coinciden picos de polen y de contaminación, los síntomas suelen intensificarse. -
Calidad del agua
Aunque el agua del grifo cumple los requisitos de potabilidad, puede contener residuos de cloro, metales, pesticidas o restos de fármacos en cantidades mínimas pero constantes. Tanto en el agua del grifo como en la embotellada también se han detectado microplásticos, que alteran la microbiota y pueden irritar las mucosas. La mejor opción suele ser el agua del grifo correctamente filtrada, que reduce contaminantes y evita el uso de plásticos innecesarios. -
Uso excesivo de medicamentos
Antibióticos, antiácidos o antiinflamatorios alteran la microbiota intestinal, lo que reduce la tolerancia inmunitaria y aumenta la inflamación. -
Microbiota intestinal alterada
La disbiosis —desequilibrio entre bacterias beneficiosas y perjudiciales— se relaciona directamente con alergias digestivas, respiratorias y cutáneas. -
Alimentación poco saludable
Una dieta rica en ultraprocesados, azúcares y aditivos sobrecarga hígado, intestino, pulmones y riñones, órganos clave en la regulación inmunitaria.
¿Y si no fuera una alergia? La histaminosis
En ocasiones, los síntomas que parecen de una alergia corresponden en realidad a una histaminosis, es decir, una acumulación excesiva de histamina en el organismo.
Síntomas más habituales:
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Congestión nasal, estornudos y lagrimeo.
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Picor en la piel, erupciones o enrojecimiento facial.
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Dolor de cabeza o migrañas.
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Trastornos digestivos como hinchazón, diarrea o dolor abdominal.
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Palpitaciones, cansancio o insomnio.
Causas posibles:
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Predisposición genética: algunas variantes de los genes que regulan la enzima DAO producen una actividad reducida de la enzima, dificultando la degradación de la histamina.
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Actividad reducida de la DAO por factores adquiridos: incluso con una genética correcta, la función de la enzima puede verse alterada por:
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Daño de la mucosa intestinal, como ocurre en la celiaquía no tratada, ya que la DAO se produce principalmente en el intestino delgado.
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Alteraciones de la microbiota intestinal (disbiosis, sobrecrecimiento bacteriano, candidiasis).
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Sobrecarga hepática, que limita la detoxificación.
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Ciertos medicamentos que inhiben la DAO.
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Factores fisiológicos o ambientales: estrés crónico, calor excesivo, deporte intenso, cambios hormonales (menstruación, embarazo, menopausia).
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Consumo elevado de alimentos ricos en histamina, que sobrepasa la capacidad de metabolización.
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Por todo ello es clave realizar una valoración individualizada, que permita diferenciar entre alergia e histaminosis y así enfocar el abordaje de forma adecuada.
Un abordaje personalizado
Cada persona requiere una estrategia distinta. En consulta, el trabajo suele incluir:
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Apoyo al organismo con recursos de la naturopatía: alimentación adaptada, fitoterapia, suplementación cuando es necesaria, aceites esenciales u otras técnicas.
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Favorecer la función del hígado y las vías de detoxificación, esenciales en la regulación inmunitaria.
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Recuperar la salud intestinal, trabajando sobre la permeabilidad, la inflamación de mucosas y la microbiota.
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Personalizar la alimentación, favoreciendo alimentos frescos y variados que fortalezcan la diversidad microbiana y el equilibrio inmunitario, y adaptándola en casos de disbiosis o histaminosis.
El factor emocional
No debemos olvidar que detrás de una alergia hay una persona, con su historia y sus experiencias. El estrés crónico o ciertos traumas emocionales pueden actuar como detonantes o amplificadores de la respuesta alérgica.
En mi práctica clínica utilizo también un trabajo energético y emocional que ayuda a liberar la información asociada a la reacción alérgica. De forma discreta pero muy efectiva, he acompañado a numerosas personas en las que las alergias han desaparecido por completo. En otros casos, cuando existen causas más profundas, la mejoría es parcial pero igualmente significativa.
Un enfoque integrativo
Por experiencia, el abordaje más efectivo es el que combina apoyo físico y trabajo energético/emocional. De este modo, no solo se reducen o eliminan los síntomas, sino que también se trabaja en la recuperación global de la salud y el equilibrio.




